sábado, 23 de agosto de 2014

LOS CAMINOS DE LA DROGA

El consumo de droga es una realidad que no se puede esconder. Aunque es una actividad que se realiza en la sombra, mueve miles de millones de dólares cada año, y es la forma de vida de muchas personas en el mundo. Un negocio que, al estar ilegalizado, es aún más peligroso, por estar directamente relacionado con la violencia. Una de las zonas más afectadas por el tráfico de drogas es la región de Centroamérica, que une como un puente las dos orillas del narcotráfico: por un lado la producción (Sudamérica) y por otro el consumo (Norteamérica). En términos generales es la región sudamericana la que produce la droga que transita por Centroamérica y México, camino de Estados Unidos, el principal consumidor de droga del mundo. Cada mes, más de 22 millones de personas en los Estados Unidos consumen algún tipo de droga ilegal. Este mercado demanda grandes cantidades de droga, que llegan a través de Honduras, Guatemala, El Salvador o Panamá. El 90% de la droga producida en Sudamérica pasa por Centroamérica antes de llegar a Estados Unidos.
Centroamérica, zona de tránsito y de conflicto.
La región centroamericana está determinada geográficamente a ser el puente que une la producción de droga con el consumo. Es el eslabón que une la cadena, una pieza clave en el narcotráfico del continente americano, y que sufre especialmente las peores consecuencias de este negocio. Hay dos tipos principales de organizaciones de tráfico de drogas en Centroamérica: administradores y transportistas. Las organizaciones mexicanas se encargan principalmente de la administración y obtienen la mercancía necesaria de los países de origen, con grupos peruanos, colombianos y bolivianos. 
Además de los propios cárteles, que se preocupan por gestionar su mercancía, en Centroamérica aparece un actor autóctono de la región: las maras, peligrosas bandas locales que también administran el tráfico de drogas. La otra categoría, los transportistas, tienen conocimiento previo de rutas de tráfico, y cuentan con los contactos necesarios en círculos de los Gobiernos dada su experiencia con robos y contrabando. Actualmente la tarea de estos transportistas es trasladar drogas desde Sudamérica hasta México. Sin embargo estos grupos han ampliado sus actividades de narcotráfico, y ahora operan como distribuidores locales y suministradores de marihuana, materia prima para drogas sintéticas, y amapola para la producción de heroína.
En su camino hacia México, la droga atraviesa algunas de las selvas más densas del planeta, las zonas más violentas del mundo, un sinfín de islas, túneles, senderos, surca el mar e incluso los cielos. Es un camino complicado y peligroso, pero eso no impide que cada año 900.000 kilos de cocaína pasen por Centroamérica.
Atravesando las selvas de Panamá y Costa Rica.

Es muy difícil traficar por tierra grandes volúmenes de droga desde Sudamérica debido a la región del Darién, una extensión de jungla casi infranqueable entre Colombia y Panamá. Para sortear esta barrera, algunos traficantes hacen el corto viaje hasta Panamá por mar desde el Golfo de Urabá en el Atlántico. Alrededor del 55% de los cargamentos detectados por las autoridades en la frontera Colombia-Panamá tienen lugar en este punto. Para evitar ser interceptados, los traficantes esperan una brecha en las patrullas de seguridad antes de hacer el viaje, utilizando una amplia gama de embarcaciones marítimas. Al llegar a Panamá, el cargamento se almacena a menudo en áreas que no son accesibles por carretera, antes de ser enviadas hacia el norte. Las autoridades estiman que tal vez entre el 5% y el 10% de la cocaína que entra al país se consume localmente, de modo que Panamá es un simple punto de tránsito para la droga.

El siguiente país en el viaje hacia el norte es Costa Rica. Los exuberantes parques nacionales de este país atraen a turistas de todo el mundo por sus selvas tropicales, blancas playas y manantiales de aguas termales, pero también reciben visitantes no tan deseables: los narcotraficantes. Los cárteles han encontrado un paraíso vasto en los manglares y junglas, con pocos pobladores y escasa vigilancia policial, que pueden usar como puntos de almacenamientos para la cocaína. Los 28 parques de Costa Rica abarcan una cuarta parte del territorio, lo que significa que los narcotraficantes tienen más que suficientes pantanos, montañas y junglas para esconderse. También han comenzado a aprovechar cada vez más la fértil tierra para sembrar marihuana entre los almendros y cedros del lugar.

El número de envíos directos de droga a Costa Rica ha aumentado notablemente en los últimos años. Entre 2006 y 2010, el país incautó una media de 20.000 kilos de cocaína anuales, un notable aumento en comparación con los 5.000 kilos incautados entre el año 2000 y el 2005. El aumento de la actividad de los cárteles de la droga en los parques de Costa Rica se explica por el llamado efecto globo, que desplaza el narcotráfico desde las zonas donde está siendo combatido por militares (como en México, Colombia, Honduras o Guatemala) hacia otros espacios como Panamá o Costa Rica.
Dos países ajenos: Nicaragua y El Salvador

Nicaragua es principalmente un punto de abastecimiento y tránsito de droga. Los traficantes nicaragüenses rara vez son encontrados fuera de su país de origen. Las comunidades costeras, incluyendo los grupos indígenas, proveen apoyo logístico a los traficantes, pues esta actividad ilegal es una de las pocas fuentes de ingresos para la población de las áreas aisladas. Además, en muchas de estas áreas remotas se instalan pequeñas pistas de aterrizaje para avionetas, pues viajar por carretera es impracticable entre la densa selva.

En Nicaragua la mayoría del tráfico de drogas es costero, aunque también existe un flujo interior a través de los ríos, algunos de los cuales transitan a lo largo de más de la mitad del istmo. Las características hidrológicas de este país hacen muy poco transitable el territorio. En este caso la geografía ha permitido a Nicaragua librarse del narcotráfico. El papel periférico que desempeña Nicaragua en el tráfico de drogas viene a recordar el papel anteriormente desempeñado por Centroamérica como región.

Por su parte El Salvador, por su reducida extensión, no es un punto importante en el camino del narcotráfico. Las autoridades manifiestan que por su país transita muy poca cocaína debido a la carencia de una costa atlántica y a que presenta muy pocas ventajas sobre los países más al norte. También es cierto que El Salvador es el país con mayor densidad de población en la región, lo que reduce las oportunidades de utilizar pistas de aterrizaje clandestinas y zonas remotas de desembarco marítimo. Las incautaciones de cocaína se encuentran normalmente entre las más bajas de la región centroamericana. En 2011 se realizaron apenas 130 incautaciones, muy pocas comparado con las cifras de los países vecinos. La policía informa que sólo atraviesa el país el “tráfico hormiga”, siendo la mayoría de los envíos menores de dos kilogramos.

Honduras, zona de recibimiento

Honduras es hoy en día el punto de entrada más popular para la cocaína con dirección norte hacia Guatemala. Los flujos de cocaína directos a Honduras crecieron de forma significativa después de 2006 y aumentaron enormemente tras del golpe de Estado en 2009. De manera especial ha crecido el tráfico aéreo desde la frontera entre Venezuela y Colombia, gran parte del cual era anteriormente dirigido a La Española y ha sido redirigido a las pistas de aterrizaje clandestinas en Honduras. De los 80.000 kilos de cocaína que llegan por aire hacia Estados Unidos, aproximadamente 65.000 aterrizan previamente en territorio hondureño.
Siguiendo la Carretera Panamericana apenas se recorre la zona sur de Honduras. El único punto de entrada por la costa del Pacífico en este país es el pequeño Golfo de Fonseca, lugar de frecuentes desembarcos ilegales. Desde allí, varios caminos llegan hasta Tegucigalpa. La capital del país no sufre de manera especial la acción del narcotráfico. Todo el peso de la droga recae sobre la mitad norte de Honduras. Una de las zonas más importantes para el narcotráfico en Honduras en la región de La Mosquitia, en el departamento Gracias a Dios, al noreste del país. En esta zona son muy corrientes los enfrentamientos entre cárteles, y abundan las noticias sobre asesinatos e incautaciones de alijos de droga. Es en La Mosquitia donde se entregan los paquetes que llegan desde Colombia por aire, utilizando varias pistas clandestinas, o desde el mar, con Puerto Lempira como localidad más importante de la región y principal lugar de descarga de envíos ilegales.
Una vez en tierra, la droga cruza la frontera por puntos clandestinos en la frontera con Guatemala, en la que es una de las zonas más peligrosas del mundo. Los municipios a ambos lados de esta frontera, la mayoría rurales, están afectados por altas tasas de homicidios. Por Honduras transita el 80% de la droga que llega a México desde Sudamérica con destino a Estados Unidos. Este mercado está disputado entre el cártel de Los Zetas y el Cártel del Pacífico. El 80% de la droga que transita por Honduras se traslada por vía marítima y el 20% restante por tierra y aire, según las autoridades hondureñas. 
En 2012, se incautaron más de 5.000 kilos de cocaína y unos 20.000 kilos de pasta de pseudoefedrina, para la fabricación de pastillas de éxtasis. Porque el narcotráfico no sólo maneja droga, sino también los materiales necesarios para procesarla y fabricarla, y muchas veces también son incautadas estas mercancías. La inestabilidad política y la violencia generada por el narcotráfico y la proliferación de las maras, han convertido a Honduras en uno de los países más peligrosos y violentos del mundo. Honduras tiene la tasa de homicidios más alta del mundo: al menos 20 personas son asesinadas cada día en una nación con ocho millones de habitantes. En el año 2011 Honduras registró más de 6.000 asesinatos. La segunda ciudad del país, San Pedro Sula, es la más peligrosa del mundo por delante de Ciudad Juárez. Cada día hay una media de tres asesinatos en San Pedro de Sula.
Todos los caminos llevan a Guatemala
Cuando se trata del tráfico de droga en Centroamérica, todos los caminos llevan a Guatemala. Tradicionalmente, el país ha estado claramente dividido entre las rutas de suministro al Cartel del Pacífico que permanecen cerca de la costa sur y aquellas que suministran a Los Zetas, el cártel mexicano que controla la mitad norte del país. Después de pasar desapercibidas por la guardia costera, las lanchas cargadas de droga atracan en la costa cercana a Puerto Quetzal, y por tierra la mercancía es gestionada y transportada por las bandas locales para hacérselas llegar a los narcotraficantes mexicanos del poderoso Cártel del Pacífico, que llevan la droga a México por el departamento de San Marcos.

De forma paralela, los cargamentos ilegales que llegan al norte del país por tierra o por mar desde La Mosquitia hondureña, son recogidos en Puerto Barrios o en la región interior de Zacapa, y llevados directamente hasta territorio de Los Zetas, que controlan el gran departamento de Petén, último escalón antes de alcanzar territorio mexicano. Desde los últimos años la actividad relacionada con el narcotráfico y la violencia ha aumentado en Guatemala. El aumento de los envíos directos hasta Honduras y los esfuerzos de las autoridades mexicanas por evitar la llegada directa de droga a su país han obligado a Guatemala a absorber el 90% del flujo de cocaína, formando en el territorio guatemalteco una situación de cuello de botella. Toda la droga que converge en Guatemala es administrada por varias familias o bandas que, aunque son locales, hacen las veces de representantes de los grandes cárteles mexicanos, que son los que en última instancia manejan los hilos de todo lo que ocurre en Centroamérica.

Los modos de transporte de la droga

Los narcotraficantes tienen que atravesar los más de 1700km que separan la costa norte de Colombia de la Península de Yucatán para llevar la droga hasta México, y que de allí llegue hasta el mercado estadounidense. Para realizar este gran desplazamiento sin ser detectados han desarrollado distintas estrategias: transporte de la droga por tierra (vehículos), por mar (lanchas) y por aire (avionetas).
Aunque son tres métodos distintos para el tráfico de drogas, todos comparten dos similitudes. Primero, que las lanchas, avionetas o vehículos involucrados son pequeños, por lo que el cargamento que llevan no suele exceder los 100 kilogramos. Aunque lo pequeño de las cantidades requiera muchos más viajes, se tiene la ventaja de que se pierde menos mercancía cuando es interceptada. Y segundo, lo más importante: los tres métodos requieren presencia física activa de los cárteles mexicanos en territorio centroamericano.
Las rutas terrestres: a través de la selva

Recorrer la Carretera Panamericana no es una opción recomendable si se quiere pasar desapercibido. Esta gran vía de comunicaciones que vertebra todo Centroamérica enlaza prácticamente todos los países de la región, pero está mucho mejor vigilada que el resto del territorio. Aunque los narcotraficantes intentan hacer llegar la mercancía en coches, furgonetas o camiones, muchas veces son interceptados por la policía. Por ello una de las formas más comunes de atravesar el territorio es por caminos secundarios o sendas perdidas entre la selva. Es muy complicado detectar entre la maleza a un grupo de narcotraficantes, que a lo sumo irán acompañados de un par de mulas para cargar con los fajos de droga. La estrategia de avanzar a pie no se utiliza durante todo el trayecto, sino únicamente en determinados momentos, como al cruzar una frontera.

Después de varios años, las autoridades ya han identificado algunas rutas usadas por los narcotraficantes. Por ejemplo, una utilizada por el Cártel del Pacífico consiste en llevar pequeñas cantidades de droga a Costa Rica desde Panamá a través del cruce internacional en la Carretera Panamericana. La cocaína es por lo general almacenada en depósitos durante varios días hasta que otro vehículo la recoge y transporta a través del país. Al llegar a Nicaragua, los traficantes prefieren evitar el control fronterizo y desvían la carga a pie o a lomo de una mula a través de zonas remotas de la frontera. Una vez cruzada la frontera, la carga es llevada a la orilla del gran Lago Nicaragua, donde son embarcadas en botes hasta la orilla norte del lago. Allí, se descargan nuevamente en vehículos terrestres que la llevan hasta la frontera con Honduras. Otra ruta identificada por las autoridades nicaragüenses, también vinculada a Sinaloa, pasa directamente por Managua para seguir por la Carretera Panamericana rumbo a El Salvador a través de Honduras.

Desde Honduras las rutas terrestres suelen ir desde La Mosquitia hasta San Pedro Sula, para adentrarse en Guatemala hacia el departamento de Petén. En esta zona fronteriza entre Honduras y Guatemala las rutas son más confusas y diversas, fruto del alto grado de violencia y conflictos. El cruce fronterizo de El Ceibo, que separa a México de Guatemala, es el punto clave que utiliza el cártel de Los Zetas para el tráfico de cocaína vía terrestre. Desde ese lugar y a lo largo de 120 kilómetros de frontera, prácticamente sin vigilancia, este cártel mantiene operaciones para garantizar el paso y transporte de la droga desde territorio guatemalteco en dirección a Estados Unidos.
Los vuelos clandestinos

Aunque la mayoría de los cargamentos de droga se mueven por vía terrestre o marítima, hay un importante porcentaje que lo hace en avionetas pequeñas, sobrevolando el cielo de Centroamérica. Los narcotraficantes aprovechan las carencias en la vigilancia de los radares que existen en la región. Como admiten las autoridades hondureñas y guatemaltecas, los Gobiernos centroamericanos no tienen los recursos logísticos y técnicos suficientes como para evitar el tráfico aéreo ilegal de estos aparatos tan pequeños. Además, los carteles mexicanos y de Colombia aprovechan que algunos países de la región no tienen capacidad de detener los vuelos ilícitos. Por ejemplo hasta ahora en Honduras, cuando un avión ingresa irregularmente a su espacio aéreo, las autoridades sólo podían exigir a la aeronave irregular que aterrizara. Si no lo hacía, la acompañaban hasta la frontera. Cuando abandonaba el territorio hondureño la vigilancia de la aeronave quedaba en manos de los países vecinos. Esta situación de incapacidad para actuar ha cambiado, y desde el año 2014 el Gobierno de Honduras permite al Ejército interceptar los vuelos ilegales.
Las aeronaves, procedentes de Colombia, Perú o Venezuela, suelen aterrizar en pistas improvisadas en regiones selváticas de Honduras o Guatemala, aunque en ocasiones siguen su viaje hasta la frontera sur de México. Cada una de estas pistas aéreas clandestinas, que tiene una anchura de entre 80 y 100 metros y una longitud de hasta 1500 metros, están preparadas para recibir a pequeñas avionetas que pueden transportar hasta 300 kilogramos de droga por viaje. Y aunque es necesario la utilización de maquinaria pesada para habilitar una pista de aterrizaje, la inversión se recupera con rapidez. El dueño de un campo puede obtener hasta 25.000 dólares por cada aterrizaje o cargamento exitoso depositado en sus tierras. 
Los esfuerzos de las autoridades se centran en interceptar avionetas y en localizar pistas clandestinas. Por ejemplo, en el año 2013 Guatemala destruyó 50 pistas ilegales, mientras que en Honduras el Gobierno reconoció que existen al menos 200 pistas tan sólo en la región cercana al Océano Atlántico. En el año 2009 eran al menos 800 las pistas clandestinas de aterrizaje utilizadas por el narcotráfico en Guatemala para transportar droga hacia México. Aunque las autoridades hacen un intenso trabajo de destrucción de pistas aéreas, los narcotraficantes siguen construyendo. Las principales zonas de aterrizaje de narcoavionetas son La Mosquitia (Honduras), la región de Petén (Guatemala) o la costa caribeña de Costa Rica.

Por el mar: barcos, lanchas y submarinos

La principal característica del transporte por mar es que recorre distancias cortas, y sigue una ruta muy cercana a la línea de costa. Aunque también existe un tráfico marítimo de cargueros, veleros o incluso submarinos, capaces de llevar todo el cargamento de Sudamérica a México en un viaje y sin necesidad de recargar combustible en el camino, el tráfico ilegal más común se realiza usando lanchas rápidas cargadas con cantidades pequeñas de droga, que realizan varios viajes cortos a alta velocidad. Cruzar desde Colombia hasta Honduras por medio de una lancha rápida supone un trayecto de seis horas. Este método es muy útil cuando los narcotraficantes quieren evitar algún tramo de carretera o incluso un país entero, como ocurre con El Salvador o Nicaragua. Según autoridades nicaragüenses, se sospecha que varias lanchas operan a lo largo de la costa del país, saliendo fuera de las aguas territoriales para evadir el control de las autoridades.

Aunque es posible hacer toda la ruta entre Sudamérica y México usando estos viajes cortos por litoral (con frecuentes paradas para llenar combustible), el tráfico por litoral se usa siempre en combinación con el terrestre, como un trecho más de su red vial. Tal es la necesidad de transportar la droga hasta México, que los traficantes utilizan incluso submarinos para evitar a las autoridades y llegar desde las costas colombianas hasta el Yucatán. El uso de semisumergibles autopropulsados se detectó por primera vez en el año 1993. Comenzaron siendo simples remolques sumergidos de otros navíos, que podían desprenderse en caso de ser interceptados por las autoridades, pero han evolucionado considerablemente desde entonces. Ahora son submarinos pequeños pero autosuficientes, que no dependen de un barco que les remolque. Además, se han llegado a detectar submarinos reales.
Al menos cuatro submarinos fueron detectados cerca de Honduras el año 2012, y las incautaciones de sólo dos de ellos alcanzaron alrededor de 14.000 kilos de cocaína. El submarino es rentable, pues el hecho de poder cargar varias toneladas de droga hace que la carga total que se transporta en el semisumergible llegue a alcanzar un valor de 10 millones de dólares. A pesar de quelos beneficios potenciales son considerables, también lo son las pérdidas cuando un submarino es detectado. Desde 1993 el Gobierno colombiano ha incautado 63 submarinos de este tipo, que no resultan baratos para los narcotraficantes. Los semisumergibles son generalmente de propulsión muy lenta, por lo que a pesar de que son difíciles de detectar, también hay más tiempo para que sean detectados por los guardacostas. Desde la primera detección en 1993, la incautación de estas naves parece haber alcanzado su máximo histórico entre 2007 y 2009, y haber disminuido desde entonces.

Una mercancía con mucho valor

¿Por qué los traficantes planean estrategias tan complejas para conseguir llevar la droga a México? ¿Por qué se arriesgan a perder la vida en un trayecto tan peligroso? ¿Por qué se atreven a burlar a las autoridades echándose al mar en lanchas o sobrevolando el cielo en pequeñas avionetas? La respuesta está en el dinero que consiguen completando la misión. Cuando consiguen llevar la mercancía hasta el punto de destino, reciben un dinero. Mucho dinero.
El narcotráfico no sólo es una actividad ilegal y delictiva, también es una forma de vida. Para muchas familias en Centroamérica transportar un fajo de cocaína es la única forma de subsistir, y así encontramos a población indígena de las selvas de Nicaragua que están aceptando los pequeños encargos de los narcotraficantes, y se involucran sin pretenderlo en el negocio de la droga, cuando su única intención es tener dinero para poder vivir. Además de este dinero que sirve a muchas familias para sobrevivir, el narcotráfico también entiende de grandes cifras. Los 900.000 kilos de cocaína que pasan cada año por Centroamérica dejan grandes beneficios en los distintos países. Tan sólo en Costa Rica, la cocaína que transita por sus parques naturales y sus carreteras tiene un valor de 900 millones de dólares.
Podemos comprender las dimensiones del negocio de la droga cuando atendemos al porcentaje del PIB que representa el valor de la cocaína que transita por cada país. En Nicaragua, por ejemplo, el tráfico de cocaína tiene un valor que equivale al 14% del producto interior bruto. Es decir, hay zonas del país donde los narcotraficantes manejan más dinero que el propio Gobierno.
En Honduras cada año se trafica con cocaína por valor de 2.000 millones de dólares, el doble del presupuesto que todo Centroamérica tiene para combatir el narcotráfico. Son cifras astronómicas, pero que no alcanzan a los datos que presenta Guatemala, el escalón final antes de llegar a México. La cocaína que transita por territorio guatemalteco tiene un valor de más de 4.000 millones de dólares.
Pero junto a la droga y al dinero hay otra realidad que no se desliga: la violencia. Centroamérica no sólo es la principal zona de tráfico de droga del mundo, sino también una de las regiones más violentas y peligrosas. Esos miles de millones que se mueven en fardos y en bolsas de plástico son deseados por varias organizaciones criminales, que, apoyadas por los cárteles mexicanos, libran sangrientas batallas en la región.

La violencia relacionada con el tráfico de drogas

Centroamérica no sólo es una zona de tránsito para la  droga, sino que se ha convertido poco a poco en una zona de conflicto, en la que varias organizaciones criminales se disputan el control del territorio. El estrecho puente centroamericano hacia México ha dejado de ser un lugar de paso, y es ahora un lugar protagonista de la acción de los grandes cárteles mexicanos.
A raíz de la estrategia de confrontación abierta al crimen organizado mantenida por el Gobierno de México desde hace unos años, los dos principales cárteles del país, el Cártel del Pacífico y Los Zetas, han trasladado a Centroamérica 90% de sus operaciones para el tráfico de cocaína hacia Estados Unidos y, con ello, también su lucha por el control de plazas.
Principalmente es Guatemala el territorio disputado por los cárteles mexicanos, a través de las bandas locales, las denominadas maras. Por su parte Honduras realiza una función de “puerto de llegada” de la droga que se dirige tanto a Los Zetas como al Cártel del Pacífico. Belice es considerada como zona de operación de Los Zetas, y en El Salvador, la principal organización de tráfico de drogas trabaja para el Cártel del Pacífico. Panamá, Nicaragua y Costa Rica no sufren el acoso de la violencia entre cárteles ni los enfrentamientos de las maras, por ser territorios simplemente de paso para la droga.
Centroamérica, además de sufrir la acción de los cárteles mexicanos, tiene a las peligrosas pandillas o maras, que no se deben confundir con el crimen organizado. Para las maras, la pandilla es la familia, porque sus miembros provienen, casi sin excepción, de familias disfuncionales muy pobres. Para ellos el dinero es instrumental y no necesariamente un objetivo prioritario. Mientras que el crimen organizado es esencialmente clandestino, la mara, por el contrario, es abierta. Ambos cometen atrocidades, pero para el crimen organizado la violencia es un instrumento de poder y para la pandilla la violencia es un factor de identidad. Los miembros del crimen organizado pueden consumir o no drogas, en cambio los pandilleros suelen ser adictos.

Las maras locales, asociadas con los grandes cárteles.

En Guatemala, el Cártel del Pacífico tiene el control de la provincia de San Marcos a través de la banda local conocida como Los Mendoza. El territorio bajo la influencia del Cártel del Pacífico es fronterizo con México y tiene los principales puertos marítimos del país, lo cual beneficia enormemente al cártel mexicano para recibir droga. Además, en muchas provincias el Cártel del Pacífico se ha aliado con una de las maras más importantes, la conocida como Calle 18.

Pero en Guatemala el cártel que domina el territorio son Los Zetas.  A través de la mara de Los Lorenzanas, Los Zetas controlan el tráfico de cocaína en seis de los departamentos más grandes del país. Recientemente, otros cuatro municipios fronterizos con Honduras y con salida a la costa del Pacífico han sido arrebatados por Los Zetas al grupo local que dominaba en esas zonas, la mara de Los Leones, cuyos líderes fueron abatidos por la organización criminal mexicana. De esta forma, los Zetas se han apoderado de Guatemala. Este control por parte de grupos armados y muy peligrosos implica una situación que puede parecer contradictoria: allí donde más presencia tiene el cártel de Los Zetas, menos violencia hay. Con los siguientes mapas se evidencia que las zonas con mayores tasas de homicidios no son las que sufren un control total por parte de Los Zetas, sino aquellas que están en disputa entre cárteles y maras.

En Guatemala la mitad norte del país está dominada por Los Zetas de manera indiscutible, y algunas zonas de la costa Sur viven bajo el control del Cártel del Pacífico. Siguiendo la estrategia de expansión que tiene siempre el más fuerte, se observa cómo la violencia está aumentando de norte a sur, conforme Los Zetas (a través siempre de las bandas locales asociadas a su organización) van ganando territorio al Cártel del Pacífico. Cuando Los Zetas controlen los puertos del sur de Guatemala, el país será completamente colonizado por este cártel mexicano. Y no sólo en el territorio, sino también en la sociedad y en la política.

En el año 2010 transitaron 330.000 kilogramos de cocaína por las provincias de Guatemala en las que los cárteles mexicanos tienen presencia, y que ocupan más de la mitad del territorio guatemalteco. Una mercancía cuyo valor rondaba los 4.000 millones de dólares, es decir, mil millones más de lo que toda Centroamérica invirtió ese mismo año en la lucha contra el crimen organizado.
Tanta presencia de los cárteles mexicanos en un país de extensión reducida como Guatemala hace que la densidad de la violencia sea muy alta en algunos puntos del país. En algunos departamentos han llegado a declarar el estado de sitio, debido a la peligrosidad de las calles. Esta lucha por el control de puntos específicos de Guatemala, particularmente los que hacen frontera con Honduras y El Salvador, han convertido a estos en los dos países con las tasas de homicidios más altas del mundo (82 en Honduras y 65 en El Salvador, por cada 100 mil habitantes, en el año 2010).

En Honduras, las organizaciones de tráfico de drogas mexicanas han participado en la industria del narcotráfico durante al menos quince años. Pero en los últimos cinco realmente han comenzado a expandir su poder en detrimento de las organizaciones de tráfico locales hondureñas. A pesar de ello, parte del tráfico de drogas que se lleva a cabo en Honduras está coordinado por un grupo de transportistas hondureños que trabaja con relativa independencia de los cárteles. Un ejemplo es la familia Reñazco, que ha estado activa por más de una década, principalmente en el lado nicaragüense de la frontera. Estas organizaciones, que generalmente trabajan en grupos pequeños, adquieren cocaína de traficantes colombianos establecidos en el sur de América Central. Después, transportan la mercancía hacia el norte, a lo largo de la costa a Honduras o Guatemala para después venderlos a traficantes mexicanos que operan en la región.

El descubrimiento, por vez primera, de un laboratorio de cocaína en marzo de 2011 con suficiente capacidad para procesar una tonelada de cocaína por mes apunta a un papel creciente para Honduras como productor de sustancias controladas. El laboratorio desmantelado supuestamente pertenecía al Cártel del Pacífico, que es más poderoso en Honduras que su competidor, el cártel de Los Zetas. Este aumento de la actividad narcotraficante en Honduras, como fruto de la situación de la vecina Guatemala, está generando a su vez contagio en la siguiente pieza del dominó, Nicaragua. La expansión de los grupos de Honduras está haciendo aumentar la violencia en Nicaragua, un país relativamente más tranquilo en lo que respecta al narcotráfico en la región.

El efecto dominó de la violencia relacionada con la droga se inició en Guatemala, y ha infectado progresivamente a todo Centroamérica: Honduras, El Salvador, Nicaragua… rápidamente todos los países van cayendo ante la influencia de los cárteles mexicanos a través de las maras, que cada vez tienen más poder. Una situación difícil de resolver, pues combina tres elementos explosivos: drogas, violencia y dinero.
JUAN PÉREZ VENTURA · 5 FEB, 2014 ·


viernes, 22 de agosto de 2014

TRES AÑOS Y CONTANDO

Dios es un Juez justo, atento siempre para castigar.
Arrepiéntanse o tengan cuidado:
El Señor tiene su espada afilada, su arco tenso y la flecha apuntando
Miren al hombre preñado de malicia: Concibe la desgracia y da a luz el fracaso.
Su maldad le recae en la cabeza y le rebota en la cara su violencia.
Yo alabare al Señor por su justicia y cantare al Nombre del Altísimo.
Salmo 7


TRES AÑOS Y CONTANDO


Hoy 22 de Agosto, se cumplieron tres años del vil asesinato del Padre Marlon Pupiro, cura párroco de La Concha y la inmensa mayoría de la población de este Municipio, sus amigos y en especial sus familiares, no creen, ni mucho menos, en la versión oficial que dio por cerrado el caso, acusando y encarcelando rápidamente a un supuesto autor material e intelectual, el mesero Yasker Blandón, condenado en un abrir y cerrar de ojos a 30 años de prisión.

Tres años después, la sangre del Padre Pupiro continua exigiendo justicia para los autores materiales e intelectuales de su crimen, quienes gozan de la impunidad que solo el poder puede conceder. Un crimen que pretendió silenciar la voz valiente de quien, desde el púlpito, instaba a los feligreses a no tener miedo, a denunciar con firmeza los abusos cometidos en contra de todos los ciudadanos.

Al igual que muchos sacerdotes y religiosos que han ofrendado su vida como testimonio de compromiso con lo que predican, el Padre Pupiro mantuvo una trayectoria y un apostolado en total sintonía con lo que exigía de sus feligreses. No pudieron, quienes quisieron mancharlo para confundir a la opinión pública, lograr que la gente dudara de su rectitud y de los valores morales y espirituales que lo sustentaban. Tampoco han podido hacer que su martirio caiga en el olvido y en el abandono entre quienes lo conocieron y convivieron con él.

Secuestrado, torturado y asesinado, el Padre Pupiro vivió y sufrió en carne propia el suplicio que purificó su alma en las que debieron ser sus terribles últimas horas de vida, al igual que todos los religiosos que en distintos lugares y épocas, han sido presa de la furia insensata del poder, llevando hasta las últimas consecuencias el compromiso con el evangelio, con la verdad y con la justicia.

No pudieron doblegarlo en vida y menos aún en el martirio de su muerte, pues su ejemplo guía a miles y miles de nicaragüenses que luchan por un presente y un futuro mejor para todos; para todos los que nos resistimos a vender nuestra alma al dinero, al halago, al chantaje y a la amenaza; para todos los que creemos que hay luz después de la oscuridad en que se encuentra sumida la patria; para todos los que creemos que la democracia, el estado de derecho, la institucionalidad, la paz y la verdadera reconciliación más temprano que tarde se hará realidad.

A tres años del crimen, el pueblo nicaragüense no ha olvidado al Padre Marlon Pupiro y continua exigiendo JUSTICIA y demanda CASTIGO  para los culpables, materiales e intelectuales, de su horrendo crimen.

viernes, 8 de agosto de 2014

LOS ZETAS EN NICARAGUA?

Muchos son los males que afligen a nuestra sufrida nación y al hacer un rápido recuento de ellos se destacan los siguientes: una sequía de niveles pocas veces vista en la historia y que está afectando de manera directa toda la actividad agropecuaria nacional; desabastecimiento y encarecimiento a precios récord del frijol rojo, principal producto de la dieta de los nicaragüenses; alzas constantes e injustificadas en el precio de los combustibles que incide en el incremento diario del costo de la canasta básica; alzas en los servicios básicos; desempleo y elevadas tasas de informalidad en la creación de nuevos empleos; corrupción rampante a todos los niveles en la administración de la cosa pública; descomposición social acelerada del principal activo del país, la juventud; venta en retazos de la soberanía nacional y pérdida total de los derechos ciudadanos, según los sucesos posteriores a los crímenes del 19 de Julio. Sin embargo y como si no bastara tanta desgracia, hay que sumar una peor, de acuerdo a lo expresado el día jueves recién pasado por la Primer Comisionada Aminta Granera Sacasa, la presencia del Cartel de los ZETAS en nuestro país.

LA COMPARECENCIA DE LA JEFA DE LA POLICIA.

La presentación de los imputados en los crímenes del 19 de Julio hecha por la Jefa de la Policía, ha dejado un mar de dudas entre periodistas y la ciudadanía en general que por diferentes medios ha tenido la oportunidad de analizarla. Muchas preguntas han quedado sin respuesta y muchos elementos que no han sido debidamente aclarados aventuran y obligan a la población a pensar que hay muchas más cosas que no se dijeron que las que se dijeron. Si bien es cierto que ellos son las autoridades competentes para resolver este crimen -y otros que no han querido resolver-, también es cierto que los ciudadanos que con sus impuestos pagan sus salarios, están en total derecho de analizar lo que se nos quiere presentar como verdad absoluta. 

LOS CLAROSCUROS DE LA PRESENTACION. 

Algunas de las preguntas que se hace la población interesada en que se esclarezcan totalmente los crímenes del 19 de Julio y que no quede en la impunidad la sangre derramada de hermanos nicaragüenses, son entre otras las siguientes:

1.- La Emboscada. Hubo coordinación entre los ejecutores de las dos emboscadas? Habían medios de comunicación que permitiera establecer dicha coordinación? Como sabían los hechores que los buses se habían regresado, pues no llegaron a tiempo a la celebración? Había información interna? En la emboscada del Wabule capturaron armas de guerra? Una emboscada en horas de la noche requiere de máxima precisión en los disparos, lo que se logra con mucha práctica y familiaridad con armas o con una amplia experiencia en acciones armadas, claramente se nota que los supuestos implicados que presentaron, al menos en la simulación y que supuestamente dispararon las escopetas, no tienen ni idea de cómo agarrar un arma de ese tipo, más bien dieron la impresión que andaban fumigando.

2.- Los primeros capturados. Cómo justifican el hecho de que los primeros capturados –militantes orteguistas- iban en el bus, ya que fueron movilizados por el alcalde del pueblo, según Wilfredo Balmaceda dueño de la unidad de transporte, que también fue contratada por dicho alcalde.  Por qué el alcalde no ha declarado ni ha sido puesto a la orden de la justicia, si ha sido señalado por Balmaceda de que les llevó comida y dinero a los familiares de estos. Es cómplice o sabía que nada tenían que ver con la emboscada? Si según Balmaceda los primeros detenidos venían de la plaza, como es que se bajaron y empezaron a tirar piedras a las 9 – 10 de la noche? Desde cuando se tiran piedras para montar una emboscada a un vehículo en movimiento? La patrulla que hace los disparos y que supuestamente viene detrás de los buses “retrasados”, no vio a los “apedreadores de contención” en plena actitud vandálica, por qué no los capturó o les disparó?

3.- La Conjura. Orteguistas y liberales complotados para montar una emboscada y matar a orteguistas? Desde cuando existe este nivel de alianzas entre simpatizantes de ambos grupos, si en la zona rural lo que hay es un odio casi patológico entre liberales y orteguistas y más aún en Ciudad Darío a consecuencia del fraude en las elecciones del 2012?

4.- Los ZETAS en Nicaragua. Como es que el país no conocía hasta ahora que los ZETAS operaban en Nicaragua? Acaso es secreto de estado que la población conozca del accionar en el país de una organización criminal, quizás la más peligrosa de todas? El “Gran Hermano” decide ahora que debemos conocer y que no? La repentina aparición de los ZETAS está vinculada al decomiso de casi una tonelada de cocaína hecho en la frontera con Costa Rica días antes del 19 de Julio? Fue un acto de represalia de este Cartel en contra del gobierno? Este “mensaje” fue el verdadero móvil de las acciones criminales la noche del 19/07? Y que pasó entonces con el antiguo Cartel de Sinaloa, hoy Federación de Sinaloa? Tenemos dos Carteles operando en el país? Como es que en el resto de Centroamérica aumentan los decomisos de drogas debido al incremento de los envíos hacia el norte provenientes de Sudamérica y aquí han disminuido? Cambiaron de rutas o es consecuencia del patrullaje con los Rusos?

5.- Pablo Martínez, (a) Yali, se dice que fue capitán del EPS, en los años 80`s oficial de las PUFES, Pequeñas Unidades de Fuerzas Especiales, con amplia experiencia en emboscadas, infiltración y ex filtración en territorio hondureño en donde operaba la contrarrevolución, es el único que no ha sido capturado. Tiene antecedentes criminales que lo vinculen directamente con el Cartel de los ZETAS? Desde cuándo? Qué dicen sus familiares de esto, algunos de los cuales trabajan para el gobierno?

6.- Finalmente, como es que (a) “Cobra”, quien es presentado por la Primer Comisionada como uno de los autores intelectuales, cuando Poveda y (a) Yali lo buscan para que los ayudara a ocultarse, hasta en ese momento, el 24 de Julio, le confían a este que ellos habían atacado la caravana. Dos ejecutores confiándole la acción realizada a uno de los “autores intelectuales”. No lo sabía acaso?

Quizás una de las cosas que la Primer Comisionada se esforzó en dejar claramente establecida, es que las emboscadas no tuvieron motivaciones políticas, que se trató de un hecho criminal común, sin embargo, la pregunta más importante que no se respondió es quién y  por qué recibió ese golpe casi mortal el propio día de la efemérides más importante del partido en el poder, cuando está siendo observado por el resto del mundo, con tantas delegaciones internacionales enviadas a la celebración, en el país de la eterna y suprema felicidad, en el país donde se vive bonito y con la alegría de vivir en paz, el país más seguro de Centroamérica. Por ahí debieron haber empezado.   

viernes, 1 de agosto de 2014

TODAVIA ESTAMOS A TIEMPO


El primero de Febrero de este año, hace exactamente 6 meses, publicamos el Editorial que se titulaba “Un viaje sin retorno”, en el que denunciábamos y advertíamos las implicancias y alcances de las Reformas al Código de Organización Militar, con las cuales “Ortega ha abierto una puerta que peligrosamente condena a la nación entera a sufrir un nuevo ciclo de violencia”. Pasaron solamente 6 meses para que lo señalado en aquel momento se convirtiera en una triste realidad, una pesadilla que viven muchos ciudadanos nicaragüenses de varios municipios del norte de nuestro país, como consecuencia –y revancha- del criminal ataque a los buses la fatídica noche del 19 de Julio.

Decíamos entonces, que las reformas transformaban los conceptos de Defensa y Soberanía Nacional y en su lugar dotaban al Ejército de una nueva doctrina, La Doctrina de Seguridad Nacional y planteábamos que: “Bajo esta, se ordena al ejercito Disponer de sus fuerzas y medios para combatir las amenazas a la seguridad y defensa nacional, y cualquier actividad ilícita que pongan en peligro la existencia del Estado nicaragüense, sus instituciones y los principios fundamentales de la nación”. Mencionábamos también que:Ahora, los peligros que acechan a Nicaragua no estarán fuera de las fronteras, sino que también estarán dentro del país y estos enemigos son todos aquellos que no comulguen con el régimen, todos los que de alguna forma se opongan al gobierno o a sus políticas, todos los que se llamen o los llamen de oposición y a juicio del gobierno y el Ejercito, pongan en peligro el poder que detentan o propaguen ideas en contra del modelo de sociedad nacional que ellos han definido: El Estado Socialista, Cristiano y Solidario”. Advertíamos hace 6 meses que: “En este sentido, el ejército controlaría la FRONTERA IDEOLÓGICA, vigilando y controlando todas las actividades políticas que realice la ciudadanía, organizada o no en partidos políticos, reprimiendo las actividades que ellos consideren subversivas, manteniendo un férreo control sobre la sociedad civil y la vida privada de los ciudadanos sospechosos. Dicho en pocas palabras, la legalización del espionaje y la represión. La vieja Dirección General de Seguridad del Estado, DGSE, resucitada en una fortalecida Dirección de Información para la Defensa, DID,  legalizada y autorizada a hacer el mismo trabajo que aquella hacía en los 80`s y más todavía, porque en aquellos duros años de guerra algunos no habían sacado a flote sus aberraciones capitalistas”.

La cacería indiscriminada que estamos viendo en el norte del país por parte de los organismos represivos del estado nicaragüense, llámense ejército, policía, órganos de seguridad con el uso autorizado de grupos paramilitares y chivatos, es la prueba palpable de que no estábamos equivocados. Ante un hecho deleznable y condenable, como fueron las dos emboscadas a simpatizantes del partido de gobierno por miembros del mismo partido, según las declaraciones oficiales de las autoridades competentes, dichos organismos han sumido en el terror a ciudadanos que claramente son de tendencia opositora, utilizando los métodos y estilos propios de las dictaduras que en Centroamérica y Sudamérica conocimos en los años 60’s, 70’s y 80’s y que algunos de los que hoy están en el poder denunciaban a galillo tendido, dictaduras que se amparaban precisamente en la famosa Doctrina de Seguridad Nacional para cometer las tropelías que hoy se están cometiendo impunemente en municipios de Jinotega, Matagalpa y Nueva Segovia.

Las noticias que inundan los medios son en extremo alarmantes: soplones encapuchados señalando personas y casas de habitación de opositores acusados de quien sabe qué; asalto con lujo de violencia a dichas casas en horas de la noche y la madrugada por efectivos de la policía y el ejército sin orden de allanamiento y también encapuchados para evitar ser reconocidos; capturas a altas horas de la noche de ciudadanos señalados por los chivatos sin que medie orden de captura; secuestros y desapariciones forzosas de ciudadanos que son capturados en la calle o en sus casas y nadie da cuenta de ellos, ya que las autoridades policiales en una irresponsabilidad mayúscula niega dichas detenciones; y lo peor que se podía esperar, asesinatos a mansalva -caso del ex miembro de la Resistencia Nicaragüense Carlos García- sin que ninguna autoridad inicie una investigación, porque la prioridad son los muertos del bando del gobierno.

Qué hará falta para completar el recetario de las dictaduras militares de años atrás,  que todo parece indicar se están reciclando? Lanzamientos de capturados en helicópteros? Torturas y asesinatos a ciudadanos sospechosos de cualquier cosa? Juicios sumarios sin derecho a la defensa? Condenas absurdas en juicios absurdos con falsos testigos y pruebas inventadas por los organismos de seguridad? Toques de queda? Estado de Sitio? Mas asesinatos? Mas secuestros? Mas desapariciones?

La mayoría de los que ocupan altos cargos en el gobierno, al igual que los jefes militares y policiales que hoy están al frente de la policía y el ejército, conocen perfectamente lo que sucedió a inicios de los años 80’s, tanto en Pantasma como en Nueva Guinea. Saben, porque muchos vivieron sus consecuencias, que los abusos cometidos y la represión desatada en esos municipios, alegando la “defensa de la revolución”, fue la génesis de la contrarrevolución y de diez años de guerra civil en Nicaragua, con miles de muertos, heridos, mutilados y desaparecidos a los que nunca se les pudo dar cristiana sepultura; que todos supimos cómo había comenzado el conflicto, pero que absolutamente nadie sabía cómo y cuándo iba a terminar y que después de una enorme sangría, sobre todo de la juventud que cargó con el peso fundamental de la guerra, después de la destrucción del aparato productivo a un costo de miles de millones de dólares, luego de haber dividido el país y la sociedad en dos bandos casi irreconciliables, hasta después de eso, se entendió que se habían cometido errores que no debieron haberse cometido y que hubieron abusos que debieron haber sido castigados y no lo fueron.

Todavía estamos a tiempo de detener esta vorágine de violencia que se ha desatado en el norte de Nicaragua; todavía el gobierno y el comandante Ortega en particular, está a tiempo de retomar las propuestas de los Obispos de la Conferencia Episcopal contenidas en el documento entregado el 21 de Mayo recién pasado: “En Búsqueda de Nuevos Horizontes para una Nicaragua Mejor”; todavía estamos a tiempo de que las autoridades policiales, haciendo uso de las leyes y respaldada por las técnicas investigativas, encuentre y muestre a los verdaderos autores materiales e intelectuales de las dos emboscadas ocurridas la noche del 19 de Julio; todavía estamos a tiempo de abandonar esa nefasta doctrina, la de Seguridad Nacional, pues todos sabemos -y ellos mejor que nadie- en qué sitio de la historia se encuentran aquellos gobiernos, que amparándose en ella, intentaron mantener por tiempo indefinido la bota militar en el cuello de sus pueblos. Al menos en Latinoamérica, ninguno de ellos sobrevivió al juicio de la historia. Todavía estamos a tiempo.





viernes, 25 de julio de 2014

UNA BARBARIE INJUSTIFICADA Y UNA RESPUESTA POLITIZADA

La mentira tiene patas cortas,
y nariz larga. La mentira es una comadreja.
Roberto Fontanarrosa


Barbarie! Es la única palabra que se nos ocurre para calificar el alevoso ametrallamiento de los buses que trasladaban simpatizantes del partido de gobierno que regresaban, al margen de las caravanas, a sus lugares de origen. Un ataque criminal que dejó como saldo mortal cinco ciudadanos inocentes y 23 heridos en dos acciones diferentes, una en el kilómetro 76 de la carretera panamericana norte y el otro en el sector del Wabule, entre los municipios de San Ramón y Matiguás, departamento de Matagalpa. Dos emboscadas que enlutan a cinco familias nicaragüenses y de las que nadie puede sentir alegría o simpatía. Son sencillamente asesinatos a gente inocente, que va totalmente desprotegida, en la oscuridad de la noche, con alevosía, premeditación y ventaja. Es un acto cobarde que pensábamos nunca habría en este país, luego de escuchar y leer las noticias de que este tipo de acciones es común en países como Honduras,  en donde el narcotráfico y las pandillas ejecutan de esta forma a inocentes ciudadanos, para castigar al empresario de transporte que no paga el peaje de protección exigido por las bandas o sencillamente, para castigar al estado en su lucha contra el crimen organizado.

LA POLICÍA: RÁPIDA Y EFICIENTE COMO NUNCA ANTES VISTA.

Este brutal crimen ha servido para comprobar la altísima eficiencia de la Policía Nacional cuando se trata de ataques al bando que ellos fervorosamente defienden. Y no es que estemos aprovechando las circunstancias para atacar a la institución policial, pero es que la población por diferentes medios ha cuestionado que para otras acciones esa eficiencia no existe. En menos de lo que canta un gallo, ya había detenidos sospechosos de participar en una de las emboscadas, al parecer la que más atención le han dado las autoridades, ya que todas las investigaciones se han concentrado en la ocurrida en la carretera Panamericana.

Y aunque las contradicciones entre la policía por una parte y los familiares, vecinos y amigos de los sospechosos por la otra, no encajan en el perfil de criminales organizados que se les quiere dar, es encomiable la labor desarrollada, totalmente opuesta a la mostrada en la brutal agresión que sufrieron los jóvenes que llegaron a apoyar a los viejitos de la tercera edad que protestaban frente a las oficinas del INSS el 22 de Junio del año pasado, agresión que además de la brutal paliza y secuestro en algunos casos, que recibieron los jóvenes en mención, fueron despojados (robados) de 7 vehículos, 4 motos, 9 cámaras digitales, 27 celulares, 4 Tablet, 3 laptops, 8 pares de anteojos, 25 carteras, 11 tarjetas de crédito, 3 relojes, 3 guitarras, 1 estetoscopio, 1 tensiómetro, 6 memorias de cámaras y 1 pasaporte. Tampoco se vio esa eficiencia en el ataque cobarde perpetrado por moto-paramilitares en las afueras del Consejo Supremo Electoral tres días antes de la celebración del 19 de Julio, en contra de mujeres indefensas y periodistas y ante las propias narices de oficiales de la policía, que indolentes y cómplices solo se limitaban a observar.

ALGUNAS INTERROGANTES DE LA GENTE EN LAS CALLES.

Existe una serie de interrogantes que la población se hace ante las informaciones oficiales que poco a poco se hacen públicas. Una de ellas es el hecho de que los atacantes, que ahora son apedreadores, según los familiares y el chofer del bus, iban en los buses que fueron a la celebración del 19 de Julio y todos ellos portaban carnet del partido de gobierno. Orteguistas atacando a orteguistas? Si es cierto lo que dicen familiares, amigos y el chofer del bus, cómo es que estos sujetos, siendo que venían de la celebración, resultaron ser quienes apedrearon el bus? Ubicuidad o meros chivos expiatorios? Ahora bien, desde cuando se utilizan apedreadores para montar una emboscada armada a un vehículo en marcha? Táctica militar novedosa creada por tres campesinos de la comunidad de Las Pilas? La reivindicación que hace de la acción mediante comunicado un grupo armado que se identifica como Fuerzas Armadas de Salvación Nacional – Ejército del Pueblo, FASN – EP, con una sospechosamente sofisticada página web y que desaparece luego del rechazo del “grupo delincuencial” conocido como Coordinadora Guerrillera Nicaragüense, CGN, implica que existen otros actores que no están a luz pública? Y que pasó con la otra emboscada, la de la comunidad del Wabule, estos no son nicaragüenses también? Por qué no hay absolutamente ninguna información de este ataque? Son los mismos autores? Son diferentes grupos? Existió coordinación entre ellos? En ambos casos, cómo sabían los hechores de que eran los únicos buses que no llevaban protección policial y que se habían regresado, pues aparentemente no llegaron a tiempo para la celebración en la plaza, como se ha destacado tanto por las autoridades como por los medios de comunicación? Tenían información interna o fue mera coincidencia? Estas dos acciones, se vinculan a la ocurrida en las cercanías de Totogalpa escasos días atrás? 

LA RESPUESTA POLICIAL: DESPROPORCIONADA Y PARCIALIZADA POLÍTICAMENTE.

Pero lo más importante no son las respuestas a estas y otras preguntas que la gente se hace en las calles, sino la respuesta desproporcionada y políticamente parcializada que está dando la policía en las comunidades de Matagalpa, especialmente en el municipio de Ciudad Darío, donde, según se denuncia, la policía auxiliada por chivatos encapuchados está capturando sin ton ni son a cuanto ciudadano y familias son señalados por estos sujetos y que coincidentemente dichas familias y personas señaladas son opositores al gobierno y no gente afín al orteguismo, que es en todo caso a quien deberían señalar, toda vez que los carnet de los primeros implicados los identifican como militantes del partido de gobierno y no como de algún partido opositor.

Al igual que en Nueva Guinea y Ciudad Darío en el 2012, se está utilizando esta deleznable acción criminal para, de nuevo, intimidar a la oposición de estos lugares, acusando y encarcelando a diestra y siniestra a gente que a lo mejor nada tiene que ver en el asunto, lo cual es sumamente peligroso, pues es la continuidad de la politización de la justicia, la criminalización de la oposición y la partidarización absoluta de la Policía Nacional.

Si a esto se refería el comandante cuando pedía el 19 en la plaza ser Instrumento de Paz, que Dios nos agarre confesados. 


sábado, 19 de julio de 2014

35/19: EFEMÉRIDES DE UNA REVOLUCIÓN. EVOLUCIÓN O INVOLUCIÓN?


Hoy 19 de Julio, se conmemora un aniversario más, el 35, de la caída de la dictadura del Gral. Anastasio Somoza Debayle, último eslabón de la dinastía de los Somoza, una cadena que inicio con el asesinato del Gral. Augusto Cesar Sandino el 21 de Febrero de 1934 y que dio pie a que dos años más tarde, en 1936 y auspiciado por los Estados Unidos, Anastasio Somoza García se hiciera elegir Presidente de la República, hasta su muerte un 21 de Septiembre de 1956 a manos del poeta Rigoberto López Pérez, quien ponía fin, mediante su sacrificio personal, a la vida de un personaje que llenó de luto, sangre y lágrimas al país entero. Sin embargo, a la noche oscura vivida durante los 22 largos años que estuvo en el poder Somoza García, se sumaron 23 años más de feroz dictadura, esta vez mediante su sucesor, Anastasio Somoza Debayle, quien continuó la nefasta labor heredada de su padre hasta 1979, un 19 de Julio, cuando el pueblo nicaragüense, liderado por el FSLN, se levantaba victorioso sobre la figura de un hombre que representaba un sistema perverso de dominación, sobre un personaje que creyó que la fuerza de las armas, la represión y el chivateo institucionalizado eran suficientes para mantener sometida a la nación, que asumió en lo profundo de su soberbia y borrachera de poder que los gritos a plaza llena demostrando lealtad, fidelidad y exigiéndole eternidad con el “Somoza For Ever” y el “No te vas, Te quedas” eran reales y que se asumió como el caudillo indispensable, el elegido por la Divina Providencia para gobernar los destinos de Nicaragua.

Durante los 45 años que transcurrieron entre el asesinato de Sandino y la caída de Somoza Debayle, tuvo que pasar un torrente de sangre y muerte a lo largo y ancho de todo el territorio nacional para alcanzar el derrocamiento de la dictadura familiar dinástica, cuyos principales hitos históricos datan desde 1954 con los Sucesos de Abril; en 1958 con los movimientos guerrilleros del Coronel del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional, Ramón Raudales; en 1959 con los movimientos armados de Olama y Mollejones, El Chaparral y de Manuel Díaz y Sotelo; en 1960 con el movimiento guerrillero de Julio Alonso Leclaire y la toma de los cuarteles de Diriamba y Jinotepe el 11 de Noviembre de este año; en 1963 con el accionar de las guerrillas de Bocay, Raití y Rio Coco; en 1967 con la guerrilla de Pancasan; en 1974 con el Asalto a la Casa de Chema Castillo por parte del Comando Juan José Quezada; en 1977 con el inicio de la Ofensiva Ininterrumpida; el 22 de Agosto de 1978 con el Asalto al Palacio Nacional en la “Operación Chanchera” y en Mayo de 1979 con la Ofensiva Final. Se calcula en 50 mil muertos el costo de este ciclo de violencia, el costo de 45 años de dictadura somocista, el costo que tuvo que pagar Nicaragua y sus mejores hijos, para derrocar el proyecto dictatorial, dinástico y mesiánico de la familia Somoza.

El día de hoy, 35 años después de esa gesta épica, heroica y sangrienta, es necesario volver la vista atrás para evaluar si los sueños de todos los que se sacrificaron en el camino por una Nicaragua Libre se han cumplido. Porque una efemérides como la que se conmemora este día, no se limita a hacer un acto partidario a plaza llena para hablar de glorias ajenas, de nostalgias pasadas, de recuerdos que se difuminan en el tiempo y se agitan cada año. El 19 de Julio debe servirnos para sacar nuestras propias cuentas y hacer igualmente nuestras propias conclusiones. Es esto por lo que luchó el pueblo nicaragüense? A esto se referían los mártires gloriosos de todos los movimientos y luchas armadas que quedaron en la ruta a la liberación? Somos más libres hoy? Nuestra Soberanía Nacional, nuestra Patria y nuestra Libertad, Santo y Seña del Gral. Sandino, están a salvo de los nuevos filibusteros, que como buitres hambrientos acechan para caer sobre los despojos de la nación? Los vicios del pasado, contra los que lucharon y murieron miles y miles de hombres y mujeres, fueron enterrados para siempre, o simplemente se transformaron en una nueva versión? La Moral Revolucionaria, seguida al pie de la letra y hasta el sacrificio por los Héroes y Mártires del pasado, es lo que guía el presente? El modelo de dominación somocista, basado en el populismo, el prebendarismo, el caudillismo, la lisonja, la compra de conciencias y voluntades, la corrupción del sistema político, el fraude electoral, el amarre de cúpulas, el saqueo de los bienes del estado, el enriquecimiento ilícito, la depredación de los recursos naturales, fue enterrado para siempre o simplemente mutó hacia formas más perversas y corruptas? Continuamos siendo lo revolucionarios que decíamos ser en el pasado, o sencillamente nos convertimos en una gleba de oportunistas, vividores, acomodados y sinvergüenzas? En fin, Evolucionamos o Involucionamos?


Ciertamente, que a 35 años de distancia, tenemos mucho que preguntarnos y cuestionarnos acerca de lo que somos hoy en día y lo que éramos hace tantos años. Nadie duda que el sacrificio de todos los nicaragüenses, grande, mediano o pequeño, valió la pena para salir de 45 años de dictadura. No creo en los que ahora pretenden justificar el somocismo de antes para atacar el somocismo de hoy. Ninguna dictadura es buena, ni de derecha, ni de izquierda; ambas niegan la libertad de expresión, de movilización y el derecho a la protesta; ambas oprimen, reprimen y sojuzgan a los pueblos; ambas hablan del pueblo y viven a costa del pueblo; ambas utilizan al gobierno, al estado, a las fuerzas armadas, policiales y de seguridad para mantenerse indefinidamente usando y abusando del poder; ambas son dañinas, perversas y corruptas. Ambas son la negación de la libertad.