lunes, 22 de agosto de 2022

BOLETIN A FONDO CON ROBERTO SAMCAM. EDICION N° 28

 


EDITORIAL: NUEVA NARRATIVA PARA OTRO CRIMEN

Luego de la llegada al poder de Daniel Ortega en el 2007, después de 16 años de sequía y vivir de la caridad internacional, Rosario Murillo se encargó de crear una nueva narrativa para todos los eventos que se sucedían vertiginosamente a partir de esa fecha. Se trataba de dotar a la nueva feligresía, dispersa y aun padeciendo las limitaciones impuestas por estar fuera del erario durante tantos años, de un norte, de un discurso, de nuevas consignas, alejadas de todas aquellas de los años 80’s, donde la Murillo nunca pudo encontrar espacio, más que los insignificantes y anodinos que tantos Comandantes le permitieron medrar.

Ahora, se iba a construir algo nuevo y seria ella quien entonaría las notas de los nuevos discursos. Así nació aquello de la Segunda Etapa de la Revolución, las famosos consignas de las tres palabras, de acuerdo con los cánones esotéricos que llevarían la marca inconfundible de los miembros de los cultos satánicos, los 666, el Ojo de Horus, y tantas otras que se convertirían en parte del lenguaje común de la Secta Murillista, repetida como un mantra en todos los discursos oficiales y alocuciones de los miembros del gobierno, el estado, los colegios, alcaldías, en fin, de todo aquello que estaba ligado al partido de gobierno.

La alianza con las cúpulas empresariales trajo un nuevo idioma, el que se hablaba en los círculos comunes, las frases más comunes eran: el Nuevo Modelo, la Alianza Gobierno – Empresarios, Dialogo y Consenso, Crecimiento Económico Robusto, Autoritarismo Democrático, Muro de Contención, y un largo etcétera que definía una nueva narrativa para los nuevos tiempos. Luego vino Abril, con la explosión de la burbuja, la toma de las calles, el escape cobarde de los acólitos de la secta, y la esperanza de un nuevo amanecer en libertad. Pero también llegó Julio con la Operación Limpieza, los Paramilitares, Muerte, Sangre, Luto y Dolor. Y había que construir una nueva narrativa para ocultar los crímenes, el más grande y documentado de la historia. Entonces surgió el famoso Golpe de Estado Fallido, el intento de derrocamiento del gobierno legítimamente constituido, cosas de la vida, antes del 79 abundaba esta referencia, los crímenes de los Azul y Blanco en contra de los pacíficos “azules”, niños de meses que se suicidaban, familias que incendiaban sus casas con ellos adentro, los Tranques de la Muerte. En fin, había que descalificar y todos con un solo discurso, al mejor estilo de Goebbels y su eterno Decálogo.

El discurso daba el respaldo para la acción, y la orden tajante de “Vamos con Todo” se hizo plomo. Fue así que cometieron el crimen del 30 de Mayo, Dia de las Madres, cuando una inmensa marcha conmemoraba a las Madres de los caídos de Abril y Mayo, era la Madre de Todas las Marchas, y justo cuando llegaba a la UCA, los francotiradores del Comando de Operaciones Especiales, COE, del Ejército y de las Tropas TAPIR de la Policía, descargaban su furia homicida y su frustración en contra de jóvenes inocentes, que ni siquiera atinaban a identificar de donde venia la muerte. Apostados en las alturas del Estadio Nacional “Denis Martínez”, los asesinos cometían uno de los crímenes mas horrendos de toda la Crisis de Abril, crimen que se recordará todos y cada uno de los próximos 30 de Mayo en la historia política nacional, aunque la narrativa oficial, no sabemos hasta cuando, hable de “celebración” y en las fotos de los murales oficiales aparezca como una caricatura, la omnipresente presencia del personaje que dio la orden de masacrar a los jóvenes, casi niños, ese día de luto y sangre. Fotos que pretenden evocar a la “madre de todos los nicaragüenses”, como se asume quien vendió hasta a su propia hija por una cuota de poder negada desde siempre por un violador empedernido.

ELECCIONES EN COLOMBIA

Por: Stellyanos Ramos

 

El veintinueve de este mes se celebra la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Colombia, y aunque el tema Nicaragua no tiene mayor relevancia hacia lo interno del país, no deja de causar algún temor e inquietud entre el establecimiento político colombiano, en particular en el sector militar, para quien la dictadure Ortega, sobre quien, con información privilegiada, relacionan con el narcotráfico y la FARC, tanto con la ex guerrilla, como con los grupos disidentes, de manera que una victoria del candidato de la izquierda democrática, Gustavo Petro, representaría algo incómodo, pero no del tamaño del que podría significar una victoria de la FARC.

Respecto a las relaciones tensas por los conflictos limítrofes, en ambos países existe una especie de “posición nacional” o sea, una consenso, de manera que en Colombia ningún candidato se le ocurre variar el curso del manejo que hasta el momento han mantenido los distintos gobiernos, en todo caso la crítica gira entorno a la baja eficiencia del equipo jurídico, de ahí que los últimos fallos de la Corte Internacional de Justicia hayan sido atacados por dichos errores, pero particularmente, porque para la inmensa mayoría de los colombianos les resulta penoso que las cosas no le hayan salido bien en su controversia marítima contra una dictadura como la de Ortega, más que por otra causa. De todo el espectro político colombiano, solo la FARC guardó silencio respecto a la controversia con Nicaragua, pero es insignificante pues en las últimas elecciones apenas obtuvo el 0.34%; la pequeña representación parlamentaria que tienen es productos de los Acuerdos de Paz.

Gustavo Petro fue miembro del Movimiento 19 de abril (M-19), que fue una guerrilla preponderantemente urbana, conformada por una base muy heterogénea, cuyos líderes principales eran desafectos del Partido Comunista Colombiano, ideológicamente se autodefinían como socialdemócratas, y en su desempeño llevó a cabo golpes espectaculares. El M - 19 nació al calor del fraude electoral fraguado por la oligarquía libero - conservadora, que el 19 de abril de 1970 impidió el triunfo de la Alianza Nacional Popular (ANAPO), en una Colombia donde solo podían ser opción de poder electoral el Partido Liberal y el Partido Conservador. En la Colombia de entonces funcionaban seis organizaciones guerrilleras, diversos grupos paramilitares, varios carteles del narcotráfico, de manera que la violencia demostró que era un círculo vicioso y no la opción para un nuevo país.

El M-19 valoró los cambios que ocurrían en la escena internacional y finalmente optaron por acogerse a un Acuerdo de Paz el 9 de marzo de 1990, mediante el cual se negoció su desarme por participación en política. Su participación en la política colombiana representó una gran expectativa para el cambio social por la vía cívica, sus cuadros políticos destacaban por su sólida formación teórico - política y la versatilidad en su desempeño mediático en el nuevo escenario político que se abría, lo que provocó una tremenda envidia, por lo que llegaron a tener tantos enemigos que la mayoría de sus dirigentes fueron asesinados, entre ellos el líder máximo, Carlos Pizarro León-Gómez, quien en ese momento se postulaba como candidato presidencial por la Alianza Democrática-M-19 y no tomaron venganza, por lo que sus muertos fueron enterrados como una ofrenda a la paz de una nueva Colombia. La población respondió a esa madurez política con una lluvia de votos que los colocó como la segunda fuerza política en las elecciones para la Asamblea Constituyente en 1991.

Posteriormente, el desmovilizado M-19 se convirtió en un novedoso actor político, construyeron diversas alternativas para participar en los procesos electorales en alianzas creativas con exitosos resultados. Varias figuras políticas del M-19 lograron escalar altas posiciones en el escenario político, entre los que destaca Antonio Navarro Wolf, quien, como sustituto de Pizarro, quedó en tercer lugar como candidato presidencia en 1991 posteriormente fue alcalde, diputado, senador, y también ministro de salud durante el gobierno de César Gaviria. Gustavo Petro que, en el momento de la desmovilización como guerrilla, fue el más joven cuadro político del M-19, encabeza las encuestas y tiene fuertes posibilidades de ser el primer presidente proveniente de una fuerza política alternativa, en una Colombia que durante décadas el poder se ha alternado entre liberales y conservadores, con una élite social que ha dejado al margen del progreso a más del 70% de la población, un gran sector del cual percibe en Petro como una esperanza de inclusión.

 PETRO Y NICARAGUA

En diversas oportunidades Petro ha expresado su desafecto con la dictadura de Ortega, en el 2013, siendo alcalde de Bogotá tuvo gestos destacados promocionando la poesía de Gioconda Belli, expresando su admiración por la poesía de Ernesto Cardenal, y ha sido categórico en su rechazo a la violación de los DDHH y la conculcación de las libertades civiles, el rechazo a las farsas electorales y las matanzas provocadas por los Ortega-Murillo. Ortega no es alguien desconocido para Petro, lo conoce bien, no solo por su estrecho vínculo con las FARC, sino, porque Ortega fue un cruel y cínico crítico del proceso de desmovilización del M-19, a quienes señaló casi de “traidores” por haber abandonado las armas y sumarse a la lucha cívica insertándose al proceso democrático, señalamiento que dejó un amargo sabor por provenir de alguien que se pavoneaba de haber entregado el poder “cívicamente”.

Petro tiene más que claro que Ortega es un demagogo y oportunista inescrupuloso, al que claramente ha señalado como un dictador, pero hace sus diferencias respecto al régimen de Maduro, por su cercanía inicial con Chávez, de quien se alejó tras señalar de haber traicionado las expectativas del pueblo venezolano. Respecto a Cuba, la relación que existe es meramente nostálgica, consciente de que, aunque no representa una democracia, no se atreve a señalar de dictadura, quizá por el agradecimiento por el apoyo recibido por el M-19 cuando era guerrilla, pero sí sostiene, que al igual que en Colombia, la solución a la crisis política que atraviesa Cuba debe solucionarse por la vía del diálogo.  

 A diferencia de Gabriel Boric de Chile, quien fue tajante contra toda dictadura, a Gustavo Petro la ambigüedad expresada frente a las dictaduras de Maduro y los militares cubanos puede costarle mucho. La opción que representa su coalición, PACTO HISTÓRICO, que encabeza su organización COLOMBIA HUMANA y POLO DEMOCRÁTICO, al que se han sumado diversos movimientos sociales y políticos, entre ellos la ecologista y líder de las comunidades afrodescendientes, Francia Márquez, quien lo acompaña como candidata a Vicepresidenta, sigue encabezando las encuestas, pero ese detalle ambiguo puede faltarle los números necesarios para una victoria en primera vuelta y también ser determinante para la segunda vuelta, en caso de ser necesaria.

 ENTRE EL LUTO Y LA MEMORIA

Por: Christy Melissa

A 42 días del estallido social la sociedad se había convocado para efectuar la que sería la manifestación más grande de 2018, “la madre de todas las marchas” se denominaba al acto de protesta que, más tarde y en pleno día de las madres, se convertiría en masacre y traería luto a 19 familias y al país entero.

El 30 de mayo de 2018 Nicaragua se movilizó en respaldo a las madres de los 90 asesinados bajo órdenes de régimen dictatorial, sin imaginar que la dictadura había ordenado disparar a matar. Flores, pancartas, unión y resistencia era lo que portaban los manifestantes cuando la inmensa manifestación llegaba a la universidad centroamericana, desde donde se podían escuchar los disparos. Asesinos a sueldo ubicados desde el estadio de beisbol Denis Martínez disparaban a la cabeza y al pecho de los manifestantes, la precisión de las balas denotaba la pericia de los atacantes en armamento y puntería.

Desde Estelí, las órdenes recibidas fueron las mismas. La marcha del 30 de mayo fue reprimida por paramilitares y grupos de choque, pero fue a las 8 de la noche a las cercanías de la plaza Domingo Gadea donde manifestantes fueron atacados a tiros por paramilitares. Jóvenes estudiantes como Cruz Alberto de solo 23 años fueron abatidos a balazos que acabaron con su vida y con sus sueños.

Cruz Alberto Obregón se involucró en las protestas posterior al asesinato de su amigo Orlando Pérez el 20 de abril en la ciudad de Estelí, era estudiante de ingeniería civil en la Universidad Nacional de Ingeniería y energías renovables en la FAREM ESTELÍ. “Truncaron sus planes, pero queda un héroe. Por la sangre derramada, vamos a construir una nueva Nicaragua con paz y con justicia”, afirma su madre, quien se sumó a las más de 300 madres que lloraron la pérdida de su hijo.

A cuatro años de la masacre, las madres de abril siguen exigiendo justicia y lamentablemente a estas se siguen sumando víctimas, más de 160 madres de familia que tendrán a sus hijos e hijas injustamente apresados en las cárceles de la dictadura y otras miles sentirán el vacío de quienes tuvieron que migrar para salvaguardar su vida o en búsqueda de un mejor futuro.

Algunas madres, como Tamara Dávila están siendo privadas de ver, abrazar y acompañar a su hija en su etapa de crecimiento, le prohíben cualquier tipo de comunicación y la pequeña extraña a su progenitora cada día. Encarcelados, torturados, secuestrados y en migración forzada, desaparecidos, asediados… la cifra de víctimas del régimen Ortega-Murillo es interminable a la que ahora se suman cientos de personas en el desempleo con el cierre de Organizaciones no gubernamentales que permitían a muchas madres llevar el sustento a su mesa, familias enteras que pasarán necesidades e incluso hambre. La pregunta es, ¿Hasta cuándo?

LA CRISIS DE ABRIL Y EL SURGIMIENTO DEL PARAMILITARISMO, FASE SUPERIOR DE LAS FUERZAS DE CHOQUE

Extractos del libro: “Ortega, el Calvario de Nicaragua”. Autor: Ing. Roberto Samcam Ruiz.

Abril no tomó por sorpresa al régimen, cuya estrategia tantas veces utilizada le había dado buenos resultados. Las turbas motorizadas eran omnipotentes, toda vez que contaban con el respaldo y protección de la Policía Nacional y las fuerzas antimotines en su labor represiva. La lógica era sencilla: golpiza, robo de pertenencias a los manifestantes, persecución y violencia era suficiente para desmotivar cualquier manifestación popular. Sin embargo, las protestas no surgieron de la espontaneidad, sino que fueron provocadas por el poder mismo y se extendieron como una reacción ante la incapacidad, la soberbia y la arrogancia de quienes tantas veces habían subestimado al pueblo.

Primero fue el ataque a los estudiantes universitarios que protestaban por la inacción gubernamental ante el feroz incendio en Indio Maíz; luego la agresión a un grupo de adultos mayores que protestaban en la ciudad de León, 90 kilómetros al oeste de Managua, por las draconianas reformas al Seguro Social; y finalmente fue la embestida contra un grupo de manifestantes que apoyaban a estos últimos en los alrededores de Camino de Oriente, centro comercial ubicado sobre la carretera Managua–Masaya.

Lo que debía ser el fin de esas protestas se convirtió en una oleada de solidaridad con estudiantes, adultos mayores y mujeres agredidas por una turba enfurecida. Era el libreto de años puesto en escena, solo que esta vez algo no cuadraba bien, pues tras cada agresión las protestas se hacían más grandes y las fuerzas de choque se vieron muy pronto rebasadas, por lo que en lo sucesivo la policía y los antimotines tuvieron que colocarse en el primer escalón represivo. Pero la protesta no amainaba, cada vez era mayor, ante lo cual el régimen improvisó otro esquema represivo: preparar y armar fuerzas parapoliciales como apoyo a las fuerzas gubernamentales. Cayeron entonces los primeros jóvenes cuyo asesinato, lejos de desalentar a los manifestantes, provocó una multiplicación de las manifestaciones. En respuesta, la orden infame de “¡Vamos con todo!” dada por Rosario Murillo fue cumplida a cabalidad.

El nuevo Estadio Nacional de Béisbol de Managua sirvió como centro de entrenamiento exprés de una fuerza represiva combinada: reos comunes recién liberados, antisociales de los barrios más marginados de la capital y las consabidas turbas llegaron en auxilio de una policía desbordada, exhausta, que solo atinaba a disparar sus escopetas a diestra y siniestra. La Avenida Universitaria era un campo de batalla y los jóvenes protestantes seguían cayendo muertos, lo que enardecía más a la población. Vendrían luego las reuniones de emergencia de los escalones políticos intermedios del FSLN en el Parque Japonés de Managua, donde se dispuso que la revuelta era un “golpe de Estado contra el comandante Daniel”, el hombre considerado el paradigma del revolucionario, el que había llevado al país a la estabilidad social, el líder envidiado por todos los gobernantes latinoamericanos por su modelo de consenso con el capital, el benefactor de los pobres...

El ejecutor principal de la orden dada por Murillo era su delfín en la Alcaldía de Managua: Fidel Moreno, secretario general y verdadero poder en la Comuna. Los planteles de la Alcaldía capitalina fueron dispuestos como centros de reclutamiento y concentración de fuerzas parapoliciales, armadas y trasladadas a los sitios de protestas que lucían incontenibles. Siguiendo el guion venezolano, la policía disparó balas de goma a los ojos de los jóvenes manifestantes y más de 30 perdieron al menos uno de sus ojos.

Aparecieron también, como ángeles de la muerte, los francotiradores facilitados por el COE del Ejército Nacional y por las fuerzas TAPIR de la policía, que entregaron una cosecha macabra de 70 civiles asesinados por disparos en la cabeza, 10 en el cuello, 47 en el tórax, 19 en el abdomen y 10 en la espalda. Todos muertos por un solo y certero disparo, misión para la cual se necesitaba mucha experiencia, sangre fría, posición privilegiada, comodidad para hacer los disparos y un fusil apropiado para cumplir el criminal objetivo. 


 

 

 


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